Streaming: http://nearlydead.bandcamp.com/
Orígen: Victoria, Canadá | Salida: 9 Enero 2016 | Sello: Autoeditado
Bailonguez: 0/5 | Coreabilidad: 0/5 | Estrabismo: 5/5 | Rotura: 3/5 | Silbabilidad: 0/5
¿Qué significan esta mierda de etiquetas?
Noiseroq lleno de óxido y mala leche en un disco de sonido claro y distinguible pero muy torcido. Aunque se mueven dentro del a veces no tan amplio abanico de sonidos noiseroqueros, Coubiac punroquea más de lo habitual y se mete a menudo en una guerra de guitarras enloquecidas, generando de esa forma su propio imaginario sónico: uno especialmente sucio y lleno de armonía caótica, con una voz aguda y macarra que me hace pensar que esta es la música que harían las ratas que viven en un desguace abandonado, si tal cosa fuera posible. Esto es muy corto y quizá por eso me ha costado más de lo habitual engancharme a su música, áspera y de acceso no tan fácil pero con matices a descubrir.
A pesar de la portada aquí no toca nadie de Cuello o Betunizer, nada que ver. Lejos de lo que pueda evocar esa foto, estos exGoodtime Boys, construyen sus temas con una intención quizás postjarcoriana en lo que a estructuras y complejidad rítmica se refiere pero con voces más cercanas al stoner y la velocidad tortuguil y la contundencia más propia del slduge menos metalero. Este disco vive en una batalla que enfrenta a los momentos de lentitud, ambiente nublado y desarrollos poco inmediatos con cada uno de sus opuestos, y gracias a ello constituye un discurso propio y equilibrado que tiene la virtud de no decantarse totalmente por ninguno de los bandos aunque tontee con todos ellos.
Forests respiran cierta melancolía alegre que, sin entrar enteramente en el género, deja un regustillo a emo del medio oeste. Lejos de un ejercicio de estilo, lo que hace interesante a esta banda es su capacidad para aportar elementos algo más matemáticos y post de lo esperado a temas sustentados en voces, singalongs y melodías más clásicas de este tipo de indiepunq. Aunque hay varios momentos de cierta complejidad rítmica y estructural, se nota bien que la intención última es transmitir ese espíritu de hermandad postadolescente y brindis en una fiesta en el jardín. Quizá haya gente a quién le resulte algo naïve, pero es innegable que este LP está lleno de buenas canciones, infecciosas, emocionantes y sinceras.
Esa portada de menú de snack bar revenido esconde a un dúo que se maneja a la perfección en los terrenos del postpunq más postjardcoresco y que no tiene ningún reparo en popear lo justo si lo consideran menester. No me gustan mucho las comparaciones pero creo que quedará algo más claro si te digo que me recuerdan un poco a unos Q And Not U comedidos en las florituras, sin electrónica, más crudos, asilvestrados y vomitones pero con ese aire cool de quien sabe que mola. Un montón de buenos ritmos vigorosos, guitarras mathosas de rompe y rasga, mucha intensidad, un gran sentido de la canción y voces que saben bien cómo alojarse en tu cerebro alternando el alemán con el inglés.
La alineación de bestias del RIO que hay aquí me hizo temer que este disco fuese un pajote mental de músicos que buscan más epatar con sus habilidades que expresarse o emocionar. No es el caso; esta formación de roq de cámara, entre la música clásica y el roq in opposition, consigue hacer algo orgánico y sincero gracias a su base roqosa y a una sección de cuerdas bastante increíble. Si bien es cierto que en ocasiones rozan lo académico y que el disco es un poco largo, se nota que las composiciones se centran en una búsqueda de la belleza torcida e intensa, dulce y áspera, con una sensación de inmediatez y emoción constante que la grabación en directo consigue hacer aún más patente.
Esta es una de esas bandas que me gustan a pesar de no tener nada extremadamente especial, a veces no hace falta nada más que tener buenos temas, como es el caso. Lo suyo es un postroq preciosista y cristalino cercano a la escuela británica, con muchos momentos de tensión e intensidad y alguna incursión matemática, ejecutado a la perfección y con un sonido limpio y espacioso que maximiza su razón de ser en los momentos más calmados y paisajísticos. Un disco de escucha muy agradecida cuya mejor baza es que no cae en los tics más repetidos del estilo y que consigue todo el rato mantener tu atención en un punto alto sin necesidad de recurrir a estridencias o histrionismos.
Me gustan los grupos que te la cuelan si eres un poco incauto/a. Guitarras postjarcorianas de sonido angular que pacen en atmósferas seriamente nubladas, una base rítmica medio gorda y de contundencia comedida, un sonido bien definido y una voz vagamente cercana al roq alternativo comercial y que está muy bien puesta. Tanto, que puede llegar a desviar la atención y que no nos demos cuenta de todo lo que está pasando: entre todos estos elementos más o menos accesibles se esconden un montón de juegos sutiles centrados en la deformación del tempo con la malévola intención de torcerte el culo sin que lo veas venir y que le dan a este disco una complejidad muy poco aparente.
Hace tiempo que se les cayeron las vocales del nombre, pero para evitar un esguince de lengua puedes pronunciarlo "cartavetro". Para su segundo LP, esta banda de postcore de ritmos complejos, melodías angulares y algo de postroq ha incorporado un segundo bajo, y les ha sentado francamente bien: ha sabido encontrar su espacio en las canciones añadiendo además una profundidad que no se suele esperar de un bajo, aportando en la sección rítmica y sumando complejidad armónica y melódica. Un gran trabajo, dinámico, de sonido personal y variado al que se accede fácilmente pero que sabe premiar escuchas más profundas y que funciona especialmente bien como conjunto de principio a fin.
Aquí hay un descubrimiento curioso: no deja de sorprenderme que una banda británica tenga ese regustillo de emo francés de los noventa, pero es que además me da la impresión de que se trata de algo totalmente casual. Un EP de 5 temas de roq oscuro, emocional, ruidoso y con un sonido un poco lo-fi que aumenta la sensación noventera; una sensación que se diluye en cuanto prestas un poco más de atención a lo que está ocurriendo aquí, porqué aunque hay guitarras melancólicas antiguas, también hay ruidazo y repeticiones propias de la no-wave que se mezclan además con una energía gorrina más bien garajera, dando como resultado un EP de una sonoridad heterogénea pero compacta.
Esta es seguramente la banda más grande del bajotierra macedonio, quizá por eso tiene más mérito que se hayan atrevido en su 4º disco a continuar con un inexorable proceso de sintetización que ya se veía venir: la decisión extrema de prescindir de la batería y entregar sus ritmos a una caja de idems. Sólo me queda saber qué efecto tendrá eso sobre su potente directo, porque este disco, aunque es algo diferente a sus anteriores trabajos y obviamente menos orgánico, funciona muy bien. Compromiso político a lomos de una magnífica voz que cabalga sobre una base de post punq nueva olero con un montón de hits incontestables y que aún así no llega a ser ni previsible ni frío ni demasiado electrónico.
[Peru] es posiblemente la mejor banda de noiseroq de Polonia, ni más ni menos. Y aquí no decepcionan en absoluto, siguiendo la senda de su magnífico Ktoś z nich pero profundizando en su roq ruidoso de sonido personal y tan identificablemente polaco a la vez, con ese puntito macarra muy necesario y tan propio del estilo. Debo admitir que esto se me hace cortísimo, LP ya por favor! Por la otra cara están Buzzrodeo y por más que me he escuchado su anteiror LP Sports y su parte de este split no les cojo el punto. Noiseroq clásico y correcto, bien hecho, con una voz bastante Shellac y sin salirse nunca del guión. Por ahí parece que gustan, a mi me parecen muy sin más pero aún así muy respetables.
No es nada fácil hacer música en lugares donde la libertad de expresión está tan constreñida que cualquier desliz puede enviarte al talego. En un lugar difícil donde el punq aún está naciendo, el mérito de Degaruda podría estar en el mero hecho de organizar conciertos y ser activistas del punq. Pero hay más, han hecho un buen disco de indieroq washingtoniano de sonido poderoso, con buenas melodías y con un punto enrevesado y complejo en el que asumen ciertos riesgos compositivos que les llevan a bastantes momentos brillantes y a algunos pocos algo menos inspirados. El acertado título y la buena mano de J. Robbins en la mezcla dan el empujón definitivo a este buen trabajo, sólido, compacto y rocoso.
Quizá algún trauma infantil no resuelto pueda explicar porque no suelo prestarle mucha atención a los hombres orquesta, pero en este caso el increíble currículo y el enorme número de bandas en las que participa este tipo me ha hecho obviar este absurdo e injustificable prejuicio. Y ha sido para bien porque aparte del loop, la repetición y las capas que se suman golpe a golpe clásicas de las bandas unipersonales, este mozo consigue de alguna manera que su música (de intención popero-vanguardista, introspectiva y angular, con guitarras mareantes, ritmos casi tribales, colchones sintéticos y voces de melodías etéreas) tenga ese algo orgánico más propio de un organismo complejo que de un protozoo como él.
Estoy casi seguro de que eligieron este nombre para poder decir "We Are The World" cada vez que suban a un escenario. Y lo digo porque esto es una ochentada en toda regla que huele a funq comercial, a synthpop, a Michael Jackson, a movidas discotequeras de grandes éxitos, a pelo crepado y hombreras. Pero el golpe fundamental lo pegan porque no hay atisbo de parodia, se lo han tomado en serio y además han sabido coger todas esas influencias que tiene cualquiera que tenga oidos y las han refractado a través de un sorprendente prisma postjarcoriano (uno de los cerebros detrás de esto es Nicolas Cueille de Alaska Pipeline y Room 204). Les imagino además un directo tremenda y deliciosamente divertido.
Esta es una banda de mazroq del tipo más popero, de ese que combina sonidos limpios con estructuras complejas y momentos de furia instrumental con voces melódicas y cantables; todo ello regado con algunos requiebros temporales que resultan ser bastante efectivos. Aunque a ratos parece haber cierta diferencia de intención entre los temas instrumentales y los cantados y da la sensación de que al disco le falta una linea argumental que le dé un poco más de empaque, el resultado final es solvente y está muy bien tocado, sobretodo teniendo en cuenta que todo esto lo hacen sólo entre dos personas que llenan sin problema todos los espacios. Una banda interesante a seguir.
Beards es una de esas bandas que serían rarísimas en cualquier lugar menos en la ciudad que vio nacer a Bilge Pump, los maestros del punq retorcido y apaleado. Estas alumnas de su escuela parecen haber escogido el camino más largo hacia la canción partiendo de un absoluto desprecio por las estructuras, los tempos comprensibles por el ser humano y las melodías ortodoxas; y todo ello sin perderse en un galimatías incomprensible o ruidista. Sumergirse en este disco es hundir la cabeza en un submundo de sonidos que parecen viajar en paralelo y que sin ni siquiera mirarse son capaces de crear canciones de una especie de punq concreto y bizarro donde el mareo y la desorientación son la clave de todo.
Esto ha estado a punto de escaparseme, pero no. Aquí toca uno de los bajistas de Lisabö y eso de por sí es una buena carta de presentación, pero afortunadamente no se queda en una simple lisabëz. Eso sí, aquí vais a encontrar euskal postjarcore en estado puro, con ese toque oscuro, abrupto, áspero, lluvioso y montañés que viene siendo la seña de identidad del género desde que hace 20 años Gutariko Bat abrieron la puerta por la que luego pasaron todos los demás. Repaso histórico aparte, este disco es francamente bueno: suena propio, reparte mandobles cuando debe y sabe controlar bien las dinámicas, es bruto, sensible y disonante. Es exactamente como debe ser y eso me parece oso ondo.
Esto es una maravilla lo mires como lo mires. 4 músicos del bajotierra lionés más torcido y un cantante etíope unidos para darle una vuelta de tuerca al jazz más punq y frenético, tomando como punto de partida la música tradicional africana. El resultado suena entre africano y vanguardista, con grandes momentos sónicos de jazz furioso, intenso y roquero que se ve arrastrado hacia el continente de debajo por una voz absolutamente inconfundible que dota a esta banda de una personalidad aún más fuerte y arrolladora. Probablemente lo que me produce más placer es sentir que "Awo" se mea en la cara del concepto manuchavista de mestizaje y lo hace explotar en mil pedazos, y eso no tiene precio.
Reconozcámoslo, los yanquis saben mejor que nadie como añadirle una buena melodía a prácticamente cualquier estilo. Estos 4 jovenzuelos recogen esa extrañamente constante tradición musical y la unen a un roq algo matemático, intenso, guitarrero y con un poco de la agresividad del emoroq antiguo para crear este disco que a pesar de las referencias no se parece a American Football, ni a Mineral ni a ninguna otra banda zombie revenida. Aquí hay mucha calidad, muchos detalles y un gran sentido de la canción, con algunos hits bastante incontestables sin la estructura propia del hit y con un equilibrio excelente entre complejidad y melodía para una banda que se nota que está en su punto.
El propio nombre del grupo puede darte una pista de por dónde va el asunto, aunque ni mucho menos lo aclara todo por sí mismo. Este escurridizo trío se mueve entre el roq crepuscular, el postblues menos bluesero y las progresiones oscuras; con un regustillo noventero en las voces y algunos momentos de gran intensidad noisera, siempre en una atmósfera de melancolía nublada con el punto justo de afectación. Probablemente lo mejor de este disco es que destila una personalidad propísima y muy pronunciada que convertiría en inútil cualquier intento de etiquetar a esta banda bajo alguno de los genéricos que me veo obligada a utilizar habitualmente y que hoy me ahorraré con gran gozo.
Le había perdido la pista a estos tipos y me ha alegrado sobremanera encontrarme con este nuevo disco tras 5 años sin sacar nada. Traktor roquean de manera postjardcoriana en disonancias medio accesibles y bastante directas pero sin ser especialmente previsibles. Su sonido me recuerda bastante a otras bandas suecas clásicas que acabaron cuando ellos empezaban y que cultivaban con gran acierto el estilo como Seven Feet Four (especialmente en las voces) o los Alarma Man menos experimentosos. Ha valido la pena la espera, se nota que Traktor ya es una banda bien macerada, con aplomo y mucha propiedad.
De toda la vida cuando querías hacer un disco con otra banda te marcabas un split con Agathocles y listos, pero el siglo XXI es un amante exigente y ahora si quires compartir un disco con otra banda lo mejor es ir un poco más allá y meteros todos juntos en el estudio a liarla parda. Esto es lo que han hecho estas dos bandas que por separado comparten su gusto por el jazz noisero más pasado de vueltas, con saxos gordísimos, estructuras de no mirar atrás y ritmos rotos y torcidísimos. El resultado es exactamente lo que cabía esperar: jazz roqoso y vanguardista con dos baterías rompiéndolo todo, dos saxos echando humo, un bajo repartiendo gordura y un teclado tocado a 4 manos. Finísimo.
Me encanta que haya gente que después de años estudiando un instrumento más bien clásico, como en este caso el Fagot, utilicen lo aprendido para destruir todo lo aprendido y tocar músicas que empujan las barreras estilisticas y las tiran al mar. Esto hace este trío de guitarra-fagot-batería que huye de lo académico en dirección a lo abstracto con una fuerte influencia del Roq In Opposition, el mazroq y el Jazz en un disco cortito que no deja la sensación de ser especialmente complejo (aunque lo es) gracias a las voces y a la introducción de pasajes intensos de dinámica roquera que lo convierte en algo chalao y rarete pero variado, entretenido y que pide y agradece diversas escuchas.
Las 3 grandes culturas que conviven en Malasia desde hace varias generaciones aparecen bien representadas en la portada de este disco de mazroq instrumental; un estilo lleno de peligros, no por lo intrincado de las estructuras o la precisión requerida para tocarlo sino porqué en muchos casos, de tan cerebral, el resultado es un peñazo pantagruélico. Afortunadamente no es este el caso, aquí hay un LP dinámico y entretenido, de múltiples sonoridades, con un montón de clase y perfectamente ejecutado que además es capaz de transmitir cosas. Por alguna razón me han hecho recordar a los ecuatorianos Macho Muchacho, quizá se debe a algún asunto de trópicos y meridianos, vaya usted a saber.
Vale, admitamos que seguramente la idea para hacer esto se la dieron los llorados Parmesano, pero aún así no podemos obviar que estos tres mozos - con un Pneu y un Mr Protector en sus filas - son perros viejos y saben muy bien cómo hacer lo que quieren hacer: enviar al tal Francky a la capital de Guadalupe y ponerle a bailar de forma frenética con esta mutación punq y muy rota del clásico Zouk antillano, con todo lo carnavalesco, caribeño y velocidoso que ello implica. El resultado es una música tremendamente tropical e intensamente desmontada, de cocktelera agitando y espasmo piscinero que en directo - verdadero hábitat natural de esta banda - te deja el culo torcido, sudoroso y con agujetas.
Esta gente lleva mucho tiempo en lo suyo y se nota en la entidad de sus composiciones, que tienen aquel saber estar especial, ese que sólo tiene la gente tan elegante que no necesita ni vestir bien. El peso específico que han cogido se hace muy patente a lo largo de este LP en el que desarrollan a la perfección una suerte avantpop melancólico y nublado pero muy angular y torcido que no olvida ni sus influencias jazzisticas ni su espíritu punq ni el hecho de que están haciendo canciones, no trozos de música. Un disco enérgico, bien hecho y con un montón de personalidad forjada a través de un largo camino.
Por obvio que suene, no se debe confundir una rebelión con una procesión. Aclarado esto, centremonos en este quinteto afiliado a The Church Of Ra (una movida raruna de los enormes Amen Ra) que navega por las inquietantes y oscurísimas aguas de un pantano donde flotan cadaveres de postroq descompuesto y sludge-pop, con intensos ataques de roq psicomágico y momentos en que parece que te has cruzado con la santa compaña cantando a coro una especie de folq vudú que no sé si ha existido alguna vez. Un disco para escuchar en una noche de tormenta y hacerse caquita, pero también para disfrutar poperamente, con temas que te enganchan y hunden en la más sabrosa de las miserias.
La banda sonora de un viaje por etapas en dirección a un roq gordo, deforme y desplazado a través de un desierto oscuro y extraño; haciendo parada y fonda en construcciones sónicas a base de drones y acoples totalmente atmosféricos y bajándose a mear en estaciones de servicio que rozan el sludge y el stoner más denso. Una dicotomía entre lo ambiental y lo roqueador que es básica para el concepto del disco pero que a la vez puede llegar a hacerte perder el hilo argumental. Me han hecho falta unas cuantas escuchas para acomodarme en los vagones de esta especie de tren hacia un horizonte en llamas, pero una vez cogida la postura resulta ser un recorrido confortable y evocador como pocos.
La conexión emocional y personal que tengo con Valina me impide escuchar esto de forma objetiva. Para mí han sido uno de los mejores grupos que ha habido en Europa y no puedo hacer más que recomendar todos sus discos (especialmente A Tempo! A Tempo!, Vagabond y Epode) dónde demuestran de forma magistral como se debe hacer postjarcor indiroquero: con intensidad, riesgo y angularidad sin perder nunca de vista el concepto de canción. Este último EP está a la altura de lo que espero de una banda así y es el punto final a 20 años de una trayectoria que se acabó del todo hace dos días en un emocionante concierto en Linz con algunos fanes que no sabían que ya tienen nueva banda llorando a moco tendido.
Hoy no te voy a quitar mucho tiempo porqué esto es cortérrimo: 11 minutos de algo cercano al punq pero más desquiciado, opuesto y angular de lo normal, con un extraño deje bailongo y un gran poder para torcer culos. En realidad esta banda se coloca en un lugar no tan incomodo entre el punq y el roq in opposition, con el sonido claro y preciso de éste y el gamberrismo gorrinete y la energía de aquel, sobretodo en la forma de tratar las voces. Esperaré más cosas de estos mozos.
Poca información sobre el orígen o movimientos de esta banda de postjarcor prácticamente instrumental que, afortunadamente, no se pierde en los derroteros post del pajote mental gracias a unas estructuras que no siguen el patrón clásico de intro-subidón-resubidón y a una semioscuridad generalizada que le da a todo el conjunto un aire comedido de misterio. Me gusta especialmente el contraste entre el sonido crudo y crujientito (como morder una cucaracha) del bajo con las disonancias oscuras y espaciosas de la guitarra, algo que hace que cada uno tenga espacio para sus matices y colores en este EP corto pero bien hecho.
Pocas reacciones mejores te puede provocar un disco que un arqueo de cejas espontáneo nada más escucharlo. Me crucé con esto por casualidad y cejas arriba me he quedado porqué esta banda es sorprendentemente buena, con un sonido que rebosa personalidad, entre una especie de intenso pop oscuro y una suerte de postpunq luminoso, ecléctico y valiente. Todo aquí parece estar bien pensado y trabajado, con unos juegos de guitarras excelentes, bases rítmicas llenas de groove y unas voces totalmente cantables que rompen cualquier barrera idiomática para un disco de obligada escucha a poco que te guste el pop torcido y oscuro.
Estos mozos se situan en algún lugar entre lo ruidoso, lo jazzero, lo mathacote y lo tropical, alternando momentos de caña noiseroquera con guitarras tarantulosas y cencerros sabrosones, siempre con un perlas gritando movidotes y poniendo ese punto de desquicie tan necesario en estos días de dadaísmo social. El resultado de esta mezcolanza es rarete pero sin pasarse y genera una atmósfera extraña pero hipnótica e infecciosa que incita al movimiento de brazos y puede que de otras partes. La sensación que dejan es bastante similar al nudismo: primero se te hace raro, luego cada vez estás más cómoda y al final acabas detestando los bañadores. No hay vuelta atrás.
Sí, esto se acerca bastante a lo que sugiere su nombre: American Football pero chinos. La broma me impidió tomarmelos en serio inmediatamente, pero en la primera escucha me quedó claro que me encontraba ante una buena banda que no se queda en un mero ejercicio de estilo: aquí hay clase, saber hacer, intenciones nada casuales y varios hits incontestables con títulos ilegibles porqué casi todo está cantado en chino. Esta gente sabe bien lo que hace y como hacerlo y son además una de las cabezas visibles de la escena DIY de Wuhan, una "pequeña" ciudad de 9 millones de habitantes conocida como la cuna del punq chino y a la que voy a seguir observando desde la lejanía con gran interés.