Se nota que este es su 7º disco por la innegable entidad propia y personalidad que emana este LP en el que Kristen aplican a su manera el teorema del sándwich de cortesía: empiezan con un tema largo y ambiental para meternos en los tres siguientes en un terreno muy personal donde se encuentran el pop experimental y el post funq entre otras cosas indefinibles; rematan finalmente el sándwich con una rebanada de postroq cinemático y ambiental que te deja con un sabor rico en las papilas.
Sí, esa es la portada. Es muy fea. Imaginarmela en vinilo me da vértigos y sofocos. Recomiendo no mirarla e intentar superar el trauma, ya que tras ese adefesio, se esconde un muy buen dúo de roq matemático instrumental que con maestría y buen gusto crea tensiones y espacios y los modela y golpea como si fuesen una malla 3d en la que caen bolas de acero. 20 minutos densos y agradables a partes iguales que te retuercen y estrabizan con una gran variedad de sonidos y tiempos.
Satán los crea y ellos se juntan, la prueba está en este compartido de dos bandas de post punq bailongo, semi electrónico y deforme. Duchess Says se mueven entre la disoncia de ruidazo inmediato y el electropunq gorrino de sintetizador con una voz de moza asilvestrada que asalvaja mucho el asunto; por su parte Le Pince Harry parecen tener los cerebros algo más girados pero con un gusto constante por el postpunq zapatillero y los casios filtrados. Un buen disco en total para poner en una fiesta y perder los papeles y la dignidad.
Esto lleva un tiempo dando vueltas por mi disco duro y aún no sé cómo llegué a él. El caso es que esta banda es francamente curiosa, un acto experimental que transita en un pricipio por un jazz punquillero de vientos infecciosos, camina luego borracho por los alrededores de un circo esquizoide, se revuelca después en el ruido golpeándose la cabeza para acabar en una implosión roquera de seriedad y tensión que deja la impresión de que nada de lo anterior era broma, sólo un mal viaje con sabor a un cemento muy rico.
Hace ya unos meses un amigo coincidió en una gira con esta banda y nada más volver a casa me envió esta preciosa cinta. Como persona de buen gusto y saber estar que es acertó totalmente al descubrirme a este dúo de punq matemático, divertido, feliciano y con la complicación adecuada para no licuar (por exceso) o solidificar (por déficit) los cerebros a mi alrededor. Un magnífico ejercicio de persecuciones y requiebros que además resulta agradable de escuchar durante excursiones en coches viejunos.
Pues por aquí andan el ex-bateras de los eléctricos y excelentes Fordamage y el bajeras de los estrábicos y magníficos Trunks. Eso por sí sólo puede decirte mucho o nada a la vez, porqué aunque este quinteto carga más bien hacia el pop melancólico, lo hacen con grandes momentos de intensidad y justo torcimiento que hacen de este un disco muy compacto, variado y fráncamente agradable para escuchar viendo a través de una ventana lloviznosa como los transeuntes son engullidos por un temporal incontrolable.
Probablemente en el 77 ni el más avezado visionario habría sido capaz de imaginar que el punq y el jazz acabarían follando salvajemente y teniendo hijos bastardos como estos, capaces de combinar la maestria instrumental del jazz y la ruptura de fronteras y límites que hace que el punq sea lo que debe ser. Dadaista a ratos y un poco R.I.O. en otros momentos, 24615 consigue mantener la tensión y la atención perdiéndose lo justo para no perderte del todo y aún así arquearte las cejas en un inequívoco gesto de aprobación.
Si algo he descubierto buscando música en el interneng es que hay miles de bandas de postmétal, un puto montón, y la mayoría de ellas son preocupantemente redundantes y tediosas. Le di una oportunidad a Moaft por la fe que tengo en Polonia (sí, vaya semanita llevo) y durante los dos primeros temas llegué a dudar, pero a partir del tercer tema las colaboraciones de Mol Orkiestra y sus acordeones giran todo esto hacia una especie de postmétal étnico y oscuro totalmente inesperado que rematan con un final de voces a lo Hedningarna que me ha dejado muy fuera de juego, que es como más me gusta quedarme.
Tres veteranos del bajotierra polaco se unen para formar esta banda que bebe de todo lo post y lo vomita con fuerza y crudeza, con ese sonido tan polaco lleno de disonancias, bases gordas y voces vehementes del que últimamente no paro de encontrar ejemplos. Martim Monitz vienen con menos torcimiento que otros de sus compatriotas y algo más de sentido de la canción pero siempre mostrando una gran facilidad para crear tensiones e intensidades que consiguen mantener el interés y la singularidad a lo largo de todo este disco.
Este es un artefacto cortito pero muy bien ensamblado por parte de esta banda que se dedica al postcore abrasivo de melodías oscuras y disonantes pero que a la vez sabe muy bien como alejarse de la pozor y el fruncimiento ceñil manteniendo el groove entre el ruido gracias a un bajo crujiente y mueve cu-cus que le da empaque a todo el asunto de una forma especial. Este es uno de esos discos que sin destacar en nada en concreto tiene en la coherencia y el estilazo su gran baza para gustarme más cada vez que lo vuelvo a escuchar.
En Polonia hay muchas bandas que cultivan la mezcla de sonidos experimentales (véase al imprescindible Kuba Ziołek) y extremos (como los grandísimos Semantik Punk) y siempre tienen ese algo tan polaco y tan característico que también cultivan Siła (esta ł se pronuncia como una u): un sonido gordo y cafre pero claro a la vez con voces como de tio muy cabreado abroncando a su caballo y una envidiable amplitud de miras a la hora de crear sonidos. En algún sitio entre el roq grasiento de sus compatriotas [peru] y el hardcore ruidoso de los rusos ГРУНТ, estos 4 mozos son una excelente muestra de lo que se está cociendo entre el punq polaco.
Tres señores mayores que han tocado en bandas semicomerciales como Low se hartan de todo y se les ocurre hacer esta banda, sacar tres canciones nuevas cada cuatro meses durante dos años y luego dedicarse a otra cosa, en su web está muy bien explicado todo el asunto. Lo insospechable es que su música es una especie de noise punq enérgico y distórto y que estas 4 canciones con las que comienzan son francamente buenas y nos recuerdan que los señores mayores pueden hacer cosas mejores que reuinir a sus viejas bandas de los 90 e ir dando pena por ahí.
Estos tíos están on fire, sacaron un disco en febrero, acaban de sacar otro ahora y ya tienen grabado el siguiente: si alguien me vuelve a decir que los andaluces son vagos le parto la cara con uno de sus discos. Y no es sólo lo prolífico, es que estas tres ratas de local de ensayo encima están haciendo temazos y evolucionando sin parar, en este caso dándole un sonido un poco más rudo e intenso a su emo noventero lleno de esa identidad propia que hace que una banda sea especial y no un mero ejercicio de estilo. Me quito el sombrero ante ellos y me lo como si hace falta.
Reconozco amar las comparaciones absurdas por deporte, pero en este caso además me parece inevitable porqué esto realmente me suena como si los primeros This Town Needs Guns hubiesen pillado de cantante a Black (sí, me refiero a éste tío). El caso es que tal mezcolanza raruna funciona muy bien y por imposible que pareciese la premisa, estos mozos aciertan al sacarse de la manga una suerte de post pop matemático intenso y de guitarras intrincadas que suena melancólico, infeccioso y angular a la vez para rematar un disco muy remarcable.
Europa del este no deja de sorprenderme con cosas como lo que hacen estas 4 mozas, que ya se me ganaron con su anterior I Onda Je Sve Počelo y que ahora me han dejado felizmente descolocado con este nuevo LP. No sé muy bien que decir y lo cierto es que me encanta que un disco me dé tantas dificultades a la hora de describirlo y referenciarlo, porqué aquí se mezclan de una forma muy personal cosas tan dispares como el postjarcor, el dream pop y el post-punq de sintetizador y lo hacen sin complejos ni encorsetamientos de ningún tipo. A descubrir absolutamente.